«La comunicación es la única vía para entender el valor real del sistema»
La gestión de residuos es en uno de los grandes retos ambientales de nuestro tiempo. Sogama se posiciona como un actor fundamental en Galicia, liderando un modelo de tratamiento de residuos urbanos que busca reducir el impacto ambiental y avanzar hacia una economía más sostenible.
A través de la valorización de residuos y la promoción de la educación ambiental, Sogama no solo contribuye a minimizar el volumen de desechos destinados a vertedero, sino que también impulsa un cambio cultural hacia hábitos más responsables. Su labor resulta esencial para fomentar la sostenibilidad en la comunidad gallega, alineándose con los principios de la economía circular y reforzando el compromiso colectivo con el cuidado del entorno.
- SOGAMA presta un servicio esencial pero quizá poco visible para la ciudadanía. ¿Hasta qué punto cree que la comunicación ha sido clave para transformar la percepción social de los residuos, pasando de ser un problema a una responsabilidad compartida?
La comunicación, la transparencia y el espíritu de apertura a la sociedad han resultado claves para dar visibilidad a este servicio. Ahora bien, la producción de residuos sigue siendo un problema y la responsabilidad compartida no se ha consolidado al cien por cien. Afortunadamente, la concienciación entre la ciudadanía va creciendo, pero todavía se producen demasiados desechos. Seguimos adquiriendo muchos productos de usar y tirar, y la recogida selectiva en su conjunto debe mejorar. No debemos bajar la guardia. Esta es una carrera a largo plazo.
«Es indiscutible que sin comunicación ambiental no habríamos llegado hasta aquí y continuaríamos en la Galicia de los 90»
- La correcta separación en origen depende directamente del comportamiento ciudadano. ¿Qué papel juega la comunicación ambiental dentro de su estrategia global para influir en estos hábitos?
Si no hay separación por parte de la ciudadanía, definitivamente no hay reciclaje. En las plantas se pueden instaurar mecanismos y tecnologías que faciliten el proceso de clasificación, pero el material resultante no tendrá la misma calidad que si ya viene bien seleccionado en su origen. No se debe perder de vista que los centros recicladores exigen que los materiales cumplan unas determinadas especificaciones técnicas.
Es indiscutible que sin comunicación ambiental no habríamos llegado hasta aquí y continuaríamos en la Galicia de los 90, cuando se contabilizaron 300 vertederos municipales que no cumplían los mínimos requisitos de seguridad y control, y que representaban una seria amenaza para el entorno y la salud pública. En este marco emergió Sogama. Ahora bien, hemos tenido que lidiar con mucha intoxicación informativa y demasiadas fakenews. Mitos como “para qué voy a separar si luego lo mezclan todo” o “yo no voy a contribuir al reciclaje para que otros se lucren”, todavía perduran y lo único que hacen es generar desconfianza hacia el sistema.
- En un contexto donde el servicio es cada vez más costoso y los ayuntamientos tienen dificultades para trasladar ese coste a la ciudadanía, ¿puede la comunicación ayudar a entender mejor el valor real del sistema?
La comunicación es la única vía para entenderlo, pero hay que explicarlo de forma objetiva, razonada y, sobre todo,con mensajes muy claros. Y son los ayuntamientos los que deben ayudar en esta labor, porque los ciudadanos desconocen el coste real del servicio. No saben lo que cuesta un camión de recogida de basura, tampoco el combustible que consume, especialmente en municipios con una gran dispersión de la población, tampoco son conscientes del esfuerzo que los operarios deben realizar para mantener sus términos municipales limpios y aseados, y el desembolso económico que supone gestionar los residuos de forma correcta y ajustada a la ley.
Al final estamos hablando de una cuestión de prioridades, tanto para los entes locales como para los ciudadanos. Nos quejamos de la actualización del importe de tasas de basura que en muchos concellos llevan décadas congeladas, pero compramos móviles de última generación, contratamos televisiones de pago o canales internet sin reparar en el coste que ello supone y en el consumo energético que representa. Sin embargo, la basura, como nos la quitan de la vista prácticamente todos los días, seguimos pensando que desaparece por arte de magia.
- Quienes generan más residuos o separan peor se alejan de la posible rebaja en el canon, además de incumplir con la responsabilidad de gestionar correctamente el residuo. ¿Cómo se comunica este principio sin generar rechazo social e incentivando un cambio positivo?
El canon reducido actúa precisamente como un incentivo y premia las conductas responsables. Este año, el canon genérico de la bolsa negra (fracción resto) asciende a 111,13 euros/tonelada y el reducido, a 97,76 euros/tonelada. Ahora bien, este último está sujeto al cumplimiento por parte de los ayuntamientos de uno de los siguientes requisitos: reducir, en un 1%, la producción de bolsa negra respecto al año inmediatamente anterior o incrementar, en un 3%, la aportación al reciclaje de la bolsa amarilla (envases de plástico, latas y briks) o al compostaje de la marrón (materia orgánica).
La aplicación del canon reducido es posible gracias a que la Xunta asume la diferencia económicacon el canon genérico, incentivando de esta forma la acción de los ayuntamientos en favor de la sostenibilidad. De forma adicional, la Consellería de Facenda hará un ingreso de aproximadamente 12 euros/tonelada a los 313 concellos, procedente del Fondo de Compensación Ambiental. Por tanto, el coste real para los concellos podría bajar hasta los 85 euros/tonelada.
- Las visitas a sus instalaciones son una herramienta poco habitual en servicios públicos de este tipo. ¿Qué impacto tienen en la concienciación y qué aprende la ciudadanía cuando “ve” el sistema desde dentro?
Por el Complejo Medioambiental de Sogama en Cerceda han pasado más de 89.000 visitas y, personalmente, calificaría este programa como el mejor ejemplo de transparencia institucional. Los visitantes tienen la oportunidad de ver y comprobar en primera persona lo que hacemos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos. Y, lo más importante, se encuentran con una realidad impactante: con los 2 y 3 millones de kilos de residuos que cada día recibe la infraestructura de Sogama y que debemos tratar con la máxima diligencia, la máxima eficacia y con todas las garantías ambientales. Esto, evidentemente, cuesta dinero y el ciudadano tiene que saberlo.
«Los residuos son una oportunidad, pueden convertirse en recursos para ser incorporados de nuevo al circuito comercial»
- Tras más de tres décadas de actividad, ¿qué relato cree que se ha construido en torno a la gestión de residuos y qué queda aún por contar?
Lo que hemos contado, y sobre lo que hemos incidido, es que todos, sin excepción, producimos residuos y que la gestión eficiente de los mismos es el resultado de un trabajo y esfuerzo conjunto y coordinado entre los ciudadanos, las administraciones y las empresas. Los residuos deben recibir tratamiento para evitar que se conviertan en elementos contaminantes.
Lo que estamos contando a día de hoy es que los residuos son también una oportunidad y que pueden convertirse en recursos para ser incorporados de nuevo al circuito comercial, propiciando de esta forma el ahorro de las escasas y limitadas materias primas vírgenes. Y para que esto sea así, debemos apostar por la economía circular.
Lo que queda por contar es que los residuos tienen un gran potencial económico y su gestión genera puestos de trabajo, empleo estable y de calidad, y riqueza, pudiendo llegar a configurar una potente industria ambiental en un sector que hasta ahora se limitaba a su eliminación y que a partir de este momento debe centrarse en su transformación.
- SOGAMA goza de buena reputación como una solución técnica viable en un territorio complejo como Galicia. ¿Hasta qué punto esa reputación se ha construido no solo desde la eficacia técnica, sino también desde la transparencia y la comunicación?
Alcanzar el actual nivel reputacional de Sogama, del que me siento orgulloso, máxime cuando hemos tenido que superar momentos muy complicados, ha sido el resultado de un gran esfuerzo realizado entre todos: el personal, con una labor impecable; las medidas técnicas adoptadas, en muchos casos pioneras, que nos han dado gran credibilidad como empresa; el incondicional apoyo de los accionistas, Xunta de Galicia y Naturgy; y, por supuesto, la comunicación de todo lo realizado desde la máxima transparencia. Es, en definitiva, el resultado de un gran trabajo de equipo.
- La incorporación del contenedor marrón y próximamente del residuo textil supone un cambio cultural importante. ¿Qué retos comunicativos plantean estas nuevas fracciones?
El contenedor marrón está todavía en proceso de implantación y a los concellos les está costando. No se debe a la concepción en sí, ya que separar en origen la materia orgánica no tiene la complejidad de otras fracciones, pero sí a nivel de recogida municipal y logística, ya que los ayuntamientos deben sacar nuevas licitaciones para contenerización y recogida de esta nueva fracción, modificar los contratos actuales, etc. Confío en que, poco a poco, se vaya asentando, pues la instauración de este recipiente también trae consigo importantes beneficios económicos para los ayuntamientos, toda vez que el canon por tratamiento de biorresiduos es menor que el de la bolsa negra:52,89 euros/tonelada.
En cuanto al textil, en Sogama contamos ya con una gran tradición a través de los roperos de Cáritas, contenedores específicos en los concellos y creo que no habrá mayor problema. Significa más selección, muy cierto, pero también menos carga para los ayuntamientos y menos costes.
- La economía circular implica entender los residuos como recurso. ¿Cómo se traslada este concepto, a veces abstracto, a la ciudadanía de forma clara y comprensible?
La única forma es poniendo en valor los residuos por su potencial para convertirse en materiales de utilidad y fomentar el ahorro. La economía circular no es más que la réplica del propio círculo de la naturaleza, pero para que realmente se materialice, hay que empezar desde el principio y el principio se llama ecodiseño. Es decir, diseñar los productos para que sean fácilmente reciclables y que, una vez agotada su vida útil, vuelvan a convertirse en recursos.
La circularidad no es únicamente un concepto que apele a la voluntad y a la conciencia de los consumidores, sino que tiene una dimensión más amplia: requiere legislación, normas y directrices a cumplir por toda la cadena de valor.
- De cara a los próximos años, con mayores exigencias normativas europeas en reciclaje, reutilización y reducción de residuos, ¿qué papel va a jugar la comunicación para lograr que la sociedad avance al mismo ritmo que la regulación?
Es complicado avanzar al mismo ritmo. La legislación siempre va por delante y en muchas ocasiones se nos piden cosas para las que no nos han dado las herramientas ni estamos preparados. La comunicación seguirá siendo esencial para Sogama en los próximos años y seguramente evolucionará, por lo que habrá que explorar nuevas vías que hoy incluso pueden ser desconocidas. La correcta utilización de la Inteligencia Artificial, la robotización, la transformación digital, etc, también pueden ayudar.
«El empleo verde está aquí y ha llegado para quedarse. Ejemplo de ello es Sogama»
- Los datos apuntan a que el despunte del empleo verde está por llegar, con un crecimiento intenso en los próximos años, siempre que la sociedad camine concienciada y participe del desarrollo sostenible de forma responsable, ¿Se muestra optimista ante esta oportunidad? ¿Cómo cree que se proyecta Galicia en los próximos 10 años en esta materia?
El empleo verde está aquí y ha llegado para quedarse. Ejemplo de ello es Sogama, cuya actividad genera 1.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos.
El mundo de los residuos tiene un gran potencial, al igual que la bioeconomía, las energías renovables, la agricultura ecológica, la movilidad con menos emisiones, etc. Estamos evolucionando hacia opciones más sostenibles, y ya no solo por una cuestión de mayor sensibilidad ambiental o mayor conciencia en la lucha contra el cambio climático, sino por una mera razón de supervivencia. El planeta está al límite y cada año el día de sobrecapacidad de la Tierra llega antes. Todo esto, sumado al actual escenario geopolítico y al impacto de los conflictos bélicos, nos lleva a la necesidad de hacer más con menos y de aprovechar al máximo la riqueza contenida en los residuos. De no ser así, será inviable dejar a las próximas generaciones un futuro habitable.
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