¿Y si lo cambiamos todo?

¿Y si lo cambiamos todo?

¿Y si lo cambiamos todo?

En este momento con tiempo para darle una vuelta a todo aprovechemos para hacer los nuevos planes, obligados o no. Los hogares ya están aprendiendo a gestionar mejor los recursos, también le toca a las empresas.

Saldremos de esto metidos en un crisis económica sin precedentes y, por lo tanto, los planes de dar pasos para la mejora del medio ambiente corren el riesgo de quedarse bloqueados, aunque no es el momento. Cuando todo esto pase será hora de retomar o continuar con los planes que las empresas tenían en su hoja de ruta en materia de sostenibilidad, como por ejemplo la implementación de fuentes de energía renovable a sus ciclos productivos, gestionar responsablemente materias primas y residuos, invertir en innovación y desarrollo o mejorar indicadores de todos aquellos aspectos que respaldan su buen desempeño. Muchas compañías, y con ellas la sociedad, habían dado importantes pasos comenzando a emplear energías renovables para ir sustituyendo al siempre presente petróleo y transitar hacia un mundo descarbonizado.

De nuevo el sector empresarial tendrá que hacer un esfuerzo para aprender de este insólito parón que tantas consecuencias traerá. Así, la economía debe abrir los ojos a otras formas de actuar, producir y vender, porque nuestra forma de vivir cambiará, y si no, tiempo al tiempo.

Antes del confinamiento, algunos estudios revelaban que sólo el 8% de las empresas usaban el Big Data, sólo un 55% de la población superaba el nivel básico de competencias digitales. Sin embargo, a golpe de cuarentena el consumo de internet y datos aumentó exponencialmente, de la misma manera que el uso del teletrabajo redujo los desplazamientos con cifras que se estudiarán en los libros de historia. Quizá sea considerado resiliencia, pero a muchos les ha servido para descubrir la importancia del tiempo de calidad.

Tiempo de calidad es una de las expresiones más repetidas de este siglo. La desgracia sanitaria tiene que dejar un poso de aprendizaje, donde las empresas puedan y deban sacar el máximo rendimiento a las horas laborables, y todo ello con un beneficio medioambiental y social.

Cuando todo esto pase tenemos que salir de la crisis pensando en el planeta en el que vivimos, ese que espera que hayamos aprendido algo de todo lo vivido y al que también le debemos un tiempo de calidad.

Ana Parra

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